El Caballero De La Armadura Transparente

Volví a levantarme y al mismo tiempo el oscuro engendro que me desafiaba me observo orgulloso, dispuesto a vencerme, una vez más. Otro intento, otra derrota... En mi mano aun permanecía el mango de la espada que su tenebrosa piel de escamas negras había roto. El filo clavado en el suelo se enterraba en el barro con los demás fragmentos de anteriores intentos, míos o de otros infelices como yo que habían osado desafiar a ese monstruo con la esperanza de franquear sus dominios y llegar a lo alto de la colina. Allí donde la vista se perdía y ni las nubes llegaban, una inmensa luz esperaba al vencedor.

Nadie, ni los más sabios profesores, doctores o reyes, habían podido aventurar su procedencia ni su naturaleza. Las mujeres más bellas rompían a llorar de deseo al escuchar las historias que describían a tan bello fenómeno y más de un valeroso caballero, en primorosa misión de conquistar la colina, se quedo prendado observando ese espectáculo celestial, siendo devorado en cuestión de segundos por las fauces de quien se decía su guardián o su dueño, un gigantesco dragón negro. Sus escamas, duras como rocas y sus ojos rojos, como la sangre que derramaban sus adversarios en inútiles intentos por vencerle, habían conseguido convertir el verdadero significado de esa preciosa luz en una leyenda inalcanzable para cualquier mortal. Hacía ya doce años que yo había llegado a esas tierras. Recuerdo la maldad de esos ojos cuando me miraron, el fétido aliento de sus fauces y su voz de un millón de años.

- ¿Qué clase de caballero pretende conseguir La Luz con una armadura tan ridícula... veo tu carne, veo tu cuerpo, veo cada uno de tus movimiento y veo tu corazón.

Era cierto, veía todo eso, menos mi terror... al menos esperaba que así fuera.

- No es una armadura lo que ves – respondí desafiante – ves a un Caballero.

- Un caballero sin espada, como dictan mis reglas.... – miro a su alrededor, el campo estaba sembrado de miles y miles de espadas, clavadas en la tierra o en la roca – elige una y ven a por mí – sonrió divertido una vez más.

Era cierto pues la leyenda y ciertas las habladurías, sus reglas así lo dictaban. Debían acudir a la colina los más valerosos Caballeros, sin arma alguna. Allí esperándole entre miles, se encontraba la que lo mataría. Pero... ¿Cuál de ellas?

Después de todos esos años había descubierto que algunas de esas espadas me permitían luchar unos años, algunas tan solo una par de meses y otras muchas tan solo unos segundos, pero todas acababan con idéntico final, sus hojas se partían como el cristal. Tras romper en su dura piel la última de las espadas elegida, caí de rodillas al suelo, exhausto, sin ánimo de continuar, sin alma... doce años luchando y aquel maldito demonio no había retrocedido ni un centímetro.

El último año y medio había sido el más crudo, mi cuerpo envuelto en una armadura que cada es día más débil, poco a poco, notaba mas el intenso frió, el dolor y el cansancio. Sobre todo el cansancio de una misión que no me veía con fuerzas de cumplir. Una recompensa que, por alguna razón, se me negaba.

La lluvia rompía en mi cabeza insistente, dificultando mi visión y consiguiendo que el terreno por el que me movía fuera cada vez más impracticable. Mire a mi alrededor, aquello podía durar años... y como para convencer a mis sentidos de que aquello no era si no un macabro juego del destino, cada vez que una espada era extraída de la tierra otra de diferentes forma y tamaño brotaba de nuevo. ¿Valía la pena todo aquello? ¿Qué demonios era La Luz que el dragón custodiaba con tanta voracidad?...

Entonces me ilumino y comprendí. Se me mostró, unos segundos, entre la nada que formaba a esa bestia, entre sus alas de tinieblas...

Era todo y era nada... Ese tesoro que cada uno de nosotros habíamos anhelado, pretendíamos en ese instante o imaginábamos poseer algún día, ese destello vivo me miro y que me hizo sentir que, el o ella… también me deseaba. Fue como un embrujo, una quietud que me envolvió y que se refugió en lo más hondo de mi alma en el lugar del que jamás hubieras querido que se moviese.

Tantos años luchando por llegar hasta ella.

Con el aliento derrotado, tan solo con la fuerza de mi corazón, me levante de nuevo. El guardián rió, estiro sus alas y coloco cada fibra de su cuerpo en posición de ataque. Camine entre las espadas con los ojos cerrados. Anule de mi mente, los lejanos truenos y esa risa del infierno.

Y espere.

Cuando sentí que otro tibio hilo de la Luz llegaba a mí, cuando sentí ese calor helado por todo mi cuerpo, alargue la mano hacia el suelo hasta que topó con una de las empuñaduras. Abrí los ojos y observe la espada mientras poco a poco la extraía del lodo. No era ni más grande ni más pequeña que las demás, ni la más lujosa ni la más simple, solo sentí que era perfecta. La empuñe y la dirigí hacia el Guardián.

Con todo mi aliento y mi esperanza me lancé de nuevo a vencer el obstáculo.

Note mi cuerpo crujir y a mi corazón quejarse, pero les alenté por última vez… pero en el fondo de mi alma sentí que volvería a caer y no volvería a levantarme.

Aun así, salte sobre el guardián y la batalla, la lucha... comenzó de nuevo.